Cuando las neuronas juegan videojuegos: el experimento que abre la puerta a la biocomputación
Una empresa australiana logró que neuronas humanas cultivadas en laboratorio aprendan a jugar videojuegos como Doom. El experimento abre una nueva etapa en la biocomputación: sistemas híbridos donde tejido biológico y software interactúan, con posibles aplicaciones en inteligencia artificial, neurociencia y nuevas arquitecturas informáticas.
Imagen/Captura: Cortical Labs/YouTube
La frontera entre biología y tecnología acaba de dar un paso tan curioso como inquietante: neuronas humanas vivas aprendiendo a jugar videojuegos. El experimento fue realizado por la empresa australiana Cortical Labs, que desarrolló un sistema informático híbrido capaz de combinar tejido biológico con software.
La demostración más reciente no eligió un programa cualquiera. El sistema fue conectado a Doom, uno de los videojuegos más emblemáticos de la historia de los shooters en primera persona.
Del Pong a Doom
El proyecto comenzó algunos años antes con un experimento más sencillo. En 2022, los investigadores presentaron un chip experimental compuesto por neuronas humanas vivas que fue entrenado para jugar a Pong, el clásico juego en el que una barra debe interceptar una pelota que rebota por la pantalla.
Aquella prueba permitió demostrar algo fundamental: las neuronas podían aprender una tarea en tiempo real, adaptándose a los estímulos recibidos. Según explicó el director científico de la empresa, Brett Kagan, ese logro fue clave porque evidenciaba aprendizaje adaptativo orientado a objetivos.
Pero el desafío siguiente era inevitable. Si el sistema podía jugar Pong, muchos se preguntaron si también podría enfrentarse a un videojuego mucho más complejo. Y ahí apareció Doom.
Computadoras hechas de neuronas
Para afrontar el reto, los investigadores utilizaron la plataforma biocomputacional CL1, la primera computadora comercial de la compañía basada en neuronas humanas cultivadas.
Cada uno de estos sistemas contiene más de 200.000 neuronas vivas, capaces de recibir estímulos eléctricos y modificar su comportamiento según la información que reciben. En lugar de “ver” la pantalla del juego, las células reciben patrones de impulsos eléctricos que representan lo que ocurre en el entorno virtual.
En el caso de Pong, el aprendizaje llevó aproximadamente 18 meses de trabajo. Sin embargo, cuando se trató de Doom —mucho más caótico y complejo— el sistema logró aprender a interactuar con el juego en menos de una semana utilizando una red de varios CL1 conectados entre sí.
Eso sí: el rendimiento todavía está lejos de cualquier jugador profesional. Según Kagan, las neuronas juegan como un principiante absoluto, algo bastante lógico si se considera que se trata literalmente de células que nunca han interactuado con una computadora.
Aprender a fuerza de derrotas
El comportamiento observado durante el experimento resulta sorprendentemente familiar desde el punto de vista biológico. Las neuronas reciben estímulos cuando cometen errores y, progresivamente, van ajustando sus respuestas.
En palabras del propio investigador, el sistema “aprende mientras lo derrotan una y otra vez”, un proceso que recuerda al aprendizaje de humanos o animales cuando enfrentan una tarea nueva.
El verdadero logro técnico, más allá del videojuego, fue resolver el principal obstáculo de esta tecnología: la interfaz que permite la comunicación en tiempo real entre tejido biológico y software.
La nueva frontera: computación biológica
Aunque ver a neuronas jugando videojuegos es llamativo, el objetivo real va mucho más allá del entretenimiento. La llamada biocomputación busca explorar sistemas híbridos donde la inteligencia biológica y la digital puedan interactuar.
En este contexto, la empresa italiana Reply anunció recientemente una colaboración con el Universidad de Milán para investigar aplicaciones científicas de esta tecnología.
La neuróloga Stefania Corti, profesora de esa institución, señaló que integrar neuronas activas con sistemas digitales podría abrir nuevas vías para estudiar los mecanismos del aprendizaje y la plasticidad neuronal, con posibles aplicaciones tanto en neurociencia como en informática.
Entre la ciencia y las preguntas éticas
El experimento también plantea interrogantes inevitables. La utilización de neuronas humanas en sistemas computacionales abre debates sobre ética, conciencia biológica y los límites entre máquina y organismo.
Por ahora, los investigadores aseguran que se trata simplemente de cultivos celulares sin estructura cerebral ni capacidad de conciencia. Aun así, la idea de computadoras construidas con tejido vivo empieza a salir del terreno de la ciencia ficción.
Y como suele ocurrir con las tecnologías emergentes, lo más interesante no es lo que ya se logró, sino lo que todavía está por venir. La pregunta ya no es si las neuronas pueden jugar videojuegos, sino qué otras tareas podrían aprender a realizar en el futuro.
