El Niño y los tiburones: cómo el clima altera el mapa del océano
El fenómeno de El Niño está alterando las rutas migratorias de diversas especies de tiburones en el Pacífico. El aumento de la temperatura oceánica desplaza sus zonas de reproducción y actividad, evidenciando cómo los cambios climáticos impactan en el equilibrio marino.
Un tiburón blanco (Adobe Stock)
El fenómeno de El Niño no solo impacta en lluvias, sequías o temperaturas continentales. También reconfigura silenciosamente el comportamiento de la fauna marina. Y entre los protagonistas de este reordenamiento están los tiburones, depredadores clave en el equilibrio oceánico.
Según explicó el biólogo marino Chris Lowe, director del Shark Lab de la Universidad Estatal de California en Long Beach, el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial modifica las rutas migratorias y las zonas de reproducción de varias especies.
Un océano en movimiento
Durante eventos intensos de El Niño, el aumento de la temperatura superficial del mar genera un efecto dominó en la cadena alimentaria. Las presas cambian de ubicación, y los depredadores —como los tiburones— las siguen.
Especies como el tiburón blanco, el tiburón mako, los tiburones alopias y el tiburón salmón, que suelen acercarse al sur de California en primavera para reproducirse, podrían desplazarse más al norte en busca de aguas más favorables.
En sentido inverso, especies típicamente más septentrionales como el tiburón toro, el tiburón tigre y el tiburón ballena podrían aparecer más al sur de lo habitual.
No es una hipótesis aislada. Eventos similares ya fueron registrados durante los episodios de El Niño en 2015 y 2017, lo que refuerza la idea de que estos cambios no son excepcionales, sino parte de una dinámica climática cada vez más frecuente.
Más tiburones… ¿más riesgo?
Con temperaturas elevadas, el metabolismo de los tiburones se acelera, lo que incrementa su actividad. Según Lowe, el pico de presencia se espera entre julio y agosto en el hemisferio norte.
Ahora bien, más tiburones no significa necesariamente más ataques. Acá conviene bajar un cambio y separar percepción de realidad: los ataques a humanos siguen siendo extremadamente raros. En la mayoría de los casos, los incidentes ocurren por confusión, no por conducta predatoria deliberada.
Precauciones básicas en aguas cambiantes
En contextos donde el ecosistema se vuelve más dinámico, algunas recomendaciones simples pueden reducir aún más los riesgos:
- Nadar en grupo: reduce la probabilidad de ser identificado como presa.
- Evitar el agua turbia o la oscuridad: la baja visibilidad aumenta la confusión.
- Observar el entorno: bancos de peces o aves buceando suelen indicar actividad alimentaria.
Además, el propio fenómeno de El Niño puede traer especies a zonas donde antes no eran comunes, lo que exige una mayor atención tanto de bañistas como de autoridades costeras.
Un síntoma más de un sistema en tensión
Más allá del dato curioso o el titular llamativo, el desplazamiento de tiburones es una señal de fondo: los océanos están cambiando. Y lo hacen rápido.
El Niño es un fenómeno natural, sí, pero su intensidad y frecuencia están siendo amplificadas por el calentamiento global. Esto obliga a repensar no solo la relación con el clima, sino también con los ecosistemas que dependen de él.
Porque cuando los tiburones cambian de ruta, en realidad, lo que está cambiando es todo el tablero. 🌊🦈
