3114 a. C.: el día en que comenzó el calendario maya
El 13 de agosto de 3114 a. C. marca el inicio de la Cuenta Larga del calendario maya. Esta fecha, reconstruida mediante correlaciones históricas y astronómicas, forma parte de una tradición calendárica mesoamericana mucho más antigua de lo que suele suponerse.
Piedra del calendario maya antiguo: una representación detallada de la historia y la cultura mesoamericanas. (Adobe Stock)
13 de agosto de 3114 a. C. es una de esas fechas que parecen sacadas de una novela de ciencia ficción: según la correlación utilizada por los investigadores, ese día comenzó el ciclo de tiempo que los antiguos mayas registraron mediante la llamada Cuenta Larga.
La fecha corresponde al 0.0.0.0.0 de la Cuenta Larga, un sistema numérico que permitía contar los días transcurridos desde un punto de referencia considerado el inicio de una era. Al trasladarla al calendario gregoriano, la fecha se ubica el 13 de agosto de 3114 a. C.
Pero hay una aclaración importante: eso no significa que los mayas hayan creado su calendario exactamente en ese momento. De hecho, probablemente el sistema calendárico que conocemos fue el resultado de una tradición mesoamericana mucho más antigua y de un desarrollo progresivo.
Un calendario que no era uno solo
Cuando hablamos de «el calendario maya», en realidad estamos simplificando bastante. Los mayas utilizaban distintos ciclos que se complementaban.
Uno de ellos era el Tzolk’in, un calendario ritual de 260 días, formado mediante la combinación de 20 signos con los números del 1 al 13. Otro era el Haab’, relacionado con un ciclo solar de 365 días.
La Cuenta Larga funcionaba de otra manera: permitía expresar fechas como una cantidad acumulada de días. Su sistema era principalmente vigesimal, es decir, basado en grupos de 20, aunque la unidad equivalente al año tenía una particularidad de 18 × 20 = 360 días.
Y acá aparece una de las cosas más interesantes: el calendario no era solamente una herramienta para saber qué día era. Los ciclos temporales estaban profundamente relacionados con la astronomía, los rituales, la agricultura y la concepción maya del universo.
¿Realmente fue creado en el siglo VI a. C.?
La idea de que el calendario maya fue creado alrededor del siglo VI a. C. debe tomarse con cierta cautela. No existe una inscripción que diga «este día inventamos el calendario», obviamente. La arqueología trabaja con evidencias mucho más fragmentarias.
Lo que sí sabemos es que varios de los sistemas calendáricos que posteriormente utilizaron los mayas tienen raíces muy antiguas en Mesoamérica. Investigaciones arqueológicas incluso encontraron indicios de que el ciclo ritual de 260 días podría haber sido utilizado desde aproximadamente 1000 a. C., varios siglos antes de las evidencias escritas más antiguas conocidas.
Esto cambia bastante la perspectiva: el calendario maya no apareció de la nada, sino que formó parte de una larga tradición mesoamericana de observación del cielo, organización del tiempo y ritualidad.
Una fecha que sobrevivió miles de años
La importancia de 3114 a. C. está entonces en que funciona como el punto cero de la Cuenta Larga. Los especialistas pudieron relacionar las fechas expresadas en este sistema con nuestro calendario mediante correlaciones astronómicas, históricas y epigráficas.
Miles de años después, esa fecha volvió a hacerse famosa por un motivo bastante distinto: el 21 de diciembre de 2012, cuando terminó un ciclo de 13 baktunes de la Cuenta Larga.
Algunas interpretaciones populares anunciaron que los mayas habían predicho el fin del mundo. No lo hicieron. El calendario simplemente alcanzaba el final de un gran ciclo y comenzaba otro. Era, en cierto modo, más parecido a pasar del 31 de diciembre al 1 de enero que a apretar el botón rojo del apocalipsis.
La fecha de 13 de agosto de 3114 a. C. representa, por lo tanto, mucho más que una curiosidad cronológica. Es el punto de partida de uno de los sistemas de medición del tiempo más sofisticados desarrollados en la América precolombina y una muestra de hasta qué punto las sociedades mesoamericanas habían convertido la observación de los ciclos naturales y celestes en una verdadera arquitectura del tiempo.
